martes, 1 de junio de 2010

Bloodier than blood

Nuevamente, ansiar el agujero.
Voluntad de hacerlo bien, para que sea eterno,
de explotar en pedazos, desde adentro,
llenarse carmesí por primera y última vez,
para que sea eterno,
de volar fundiéndose,
de probar y disparar acertado;
cósmico, brillante e inconsciente,
para que sea eterno.

H

******

A ti,





The ashtray says
You were up all night
When you went to bed
With your darkest mind
Your pillow wept
And covered your eyes
And you finally slept
While the sun caught fire

You've changed

We fell in love
In the key of C
We walked along
Down by the sea
You followed me down
The neck to D
And fell again
Into the sea

You changed
Oh, you've changed

Maybe all I need is a shot in the arm
Maybe all I need is a shot in the arm
Maybe all I need is a shot in the arm
Maybe all I need is a shot in the arm
Maybe all I need is a shot in the arm
Maybe all I need is a shot in the arm
Maybe all I need is a shot in the arm
Something in my veins bloodier than blood
Something in my veins bloodier than blood
Something in my veins bloodier than blood
Something in my veins bloodier than blood

The ashtray says
You were up all night
When you went to bed
With your darkest mind

You changed
Oh, you've changed

What you once were isnt what you want to be any more
What you once were isnt what you want to be any more
What you once were isnt what you want to be any more
What you once were isnt what you want to be any more
What you once were isnt what you want to be any more

lunes, 31 de mayo de 2010

Sín título # 2

Este sitio es un desastre, bajofrecuencia como pocos; últimamente, un pueblo fantasma donde se escupe lo que sea y provoque. Así, casual-libre-sin-pretensiones, pero con muy poco ritmo. Intentará siempre ser algo con cabeza, aunque termine atado a arrebatos pasionales por esbozar palabras noctámbulas, esas mismas que, ahora se encuentran ocultas, plácidas, arropadas con desidia y negritud. Promesa eterna de constancia ida de paseo.

¿Qué fue, palabras, son unas maricas?

¿O es que también se les quema el pecho?


H

sábado, 24 de abril de 2010

Valero

El Inca,
El boxeador,
El Campeón.
El de la pegada rápida y violenta.
El de los 27 knockouts.
El orgullo nacional.
El expediente recién abierto.
El que noquea.
A golpes.
¿A cuchilladas?
El Campeón de los ligeros.
El ligero de los campeones,
para repartir camorra a quien fuera.
Rehabilitado.
Reincidente.
Rehabilitado.
Aporrear para vencer,
Maltratar para relajar,
Para estallar,
Como a los 19 que cayeron en el primero
El orgullo nacional golpeamujeres
La perdió
Se achicharró el pensamiento y no cabía golpe
Ni tres puñaladas al cuerpo de Yenifer
Fajador profesional con caso abierto
Y cerrado.
A tiempo de lavar manos con pena
y escurrir sangre en sollozos persecutorios
Máquina de pensar oxidada,
Sobrecargada de locura y paranoia.
Marca en el pecho para comentar y abanderizar.
Orgullo para todos.
El Tocado.
Reos saludan y expresan respeto.
Inca delirante llega ahora la lucidez,
momento preciso para desaparecer
y fundirte para siempre en el imaginario,
para no asumir.
El Inca,
Campeón de campeones;
shock cotidiano para los habituales de esta fiesta eterna.


H

jueves, 25 de febrero de 2010

Voy de Dandy

Por lo general no puedo afirmar demasiadas cosas acerca de mi personalidad, pero sí sé que algún pedazo de ella va referido a la música. Soy un melómano; un escudriñador de melodías contemporáneas, vintage, conocidas, desconocidas, locales, foráneas. De esos que no se sienten felices si no tienen perennemente en su stock unos veinticinco discos a escuchar. Las formas inteligentes de generar música me ganan al instante y me enrolan en sus filas espontáneamente. Esto es un botón de ello. Los Dandy Warhols son una banda que desde la escogencia de su nombre, resultan unos tipos claros con el concepto de fondo a su arte. "Somos pop y no nos importa afirmarlo", parece que dijeran. Es pop brutal-mágico, pienso. Ninguna banda poprock puede ser más fina que unos panas con preferencia por los sintes, las guitarras doce cuerdas, las chisteras, las ropas glam y la quitada de camisa si alguna euforia del en vivo así lo facilita, sin detenerse en el par de senos que integran la banda. De hecho pueden ser los primeros senos al aire que recuerde de una fémina rock. Pero esa es otra cosa, ya nos desviamos (otra arista de la personalidad de quien escribe esto). La cosa es que si juntas una magnífica canción lenta con un video brutal, terminas logrando una pieza única, de esas que merecen ser compartidas y que de momento, representan un volver a este pedazo de vida digital. Mientras que este blog vuelve en su versión 2.0, me pongo el sombrero y me visto de Dandy.


H


sábado, 7 de noviembre de 2009

Gastón fue

II
Del amor que no ocurrió

La elección natural tras cerrar la puerta de casa, sería tomar el metro y recibir mi aventón. Prefería por hoy que otro fuese el conductor designado de regreso; de momento no podía ni cargarme a mí mismo, mucho menos al transcurrir la noche. Entrada en la estación y puesta en marcha veloces. Mi vagón no está abarrotado o vacío; es un término medio con caras casuales, divertidas, humildes, jóvenes y destrozadas y, el titular del periódico que dobla y desdobla la dama embarazada a quien tengo enfrente, me deja saber que, por pequeña que parezca la decisión de abordar a estas horas ciudadpaís, deben saber correrse ciertos riegos. Incluso, todos.

- Se debe estar en cabales-, digo para mí en voz baja y sin notarlo, sin que deje de empezar a consumirme la paranoia.

-Hay que salir del hueco, muchacho-, me repito.

La mujer embarazada se ha cambiado de puesto a uno más lejano. Antes de abandonar el vagón, la observo intentando reprocharle su actitud. También la puedo comprender perfectamente. Le gana el prejuicio a sus ganas de confiar en el raro. Salir del calor subterráneo a la gélida noche. Ya veo a mi cola llegar, y Angélica está borracha. Dante resuena en la calle solitaria. Totalmente alcoholizada, me señala cuál es mi puesto; es el único disponible y no esperaba esta escena. Entro al auto y saludo al güero. Arrancamos descontroladamente. Me debe una por la desagradable sorpresa.

H

martes, 20 de octubre de 2009

Gastón fue

I
El clímax se avecinaba y la muchedumbre abarrotaba la sala. Justo venía uno de estos momentos donde pareciera que el tiempo se detuviese a descansar un instante y en sus delirios dimensionales, se place de ahogar al unísono las ruidosas voces coexistentes. Esas mismas que, ahora mismo, no se jactan del sano juicio y la cordura; más bien van de derrape, beats y fiesta. Pues bien, ellas, las cien o ciento veinte almas que también vieron lo que yo, se veían forzadas a cambiar el mood y no precisamente porque supieran lo que pasaba. Unos pocos jamás lo notaron y, otros más, no lo entendieron. Pero yo les puedo asegurar que pude presenciar lo acontecido. Qué bolas que pensaba no ir a ese lugar, algo raro me presentía y por ello, la siguiente decisión tras salir de casa, era la rápida pérdida del conocimiento como medio propio de aplacar mis temores y presagios. Pero en ese momento, cuando el destino alineaba montón de circunstancias y me sumergía en un ambiente de pánico absoluto por lo que transcurría a unos pocos metros, les debo confesar que también sentí morbo y esa sensación plácida al consumir un momento único. La recién conocida y recién simpática mujer con la que conversaba, tenía la cara descompuesta y se aferró tan fuerte a mi brazo que pensé que jamás podría desenterrar sus uñas de nuevo, y no era que eso me disgustara demasiado. Era la intro torcida del ligue de fin de semana. Esa noche, antes de salir de casa, quemé hierbas como para volverme loco y, en efecto, era lo que pasaría. Sólo que más salvaje de lo que me imaginaba.
H

jueves, 17 de septiembre de 2009

Tropical; más de treinta

Hacía un clima del demonio cuando Jonás se quitó la camisa a la entrada de la farmacia. La mañana de aquel Jueves, mientras él no podía escuchar nada más salvo lo que sus sueños le relatasen, la señora del clima decía en la tele del cuarto de al lado, que eran treinta y cinco grados los que azotaban Caracas. Treinta y cinco grados que le adherían a la ciudad un poco más de pegote, y a Jonás, le mutilaban sus intenciones de un sueño completo. Frustrado y aún malpegado, tendría que levantarse de su plácida cama y enfrentar el caos habitual de su circo social. Era necesario prepararse lo más rápido posible; el día anterior tenía intenciones de sacar cosas de su cabeza y en el interín, también se esfumaría la compra de la píldora que lo mantenía de humana apariencia. Ya para el momento en que se encontraba frente al escarapelado ascensor de su edificio, estaría casi vestido por completo. Decimos casi porque la camisa aún está al revés y los pantalones a medio cinturón, flojos. Jonás era un tipo que debía jugar a aquello del Jekyll y el Hyde. Violencia y demencial apuro como rutina. Tres o cuatro cuadras a velocidad de sedentarias piernas de treintañero y el cansancio que golpea pinchando en el estómago. Habría que llegar rápido, pero el sol inclemente no le ayudaba. Sudor a raudales en todo su cuerpo y un malestar incipiente; ya se divisa el rojo neón que reza “de turno”. Más dolor de rodillas y punzadas miles. Pantalones y piernas se aman y se juntan tanto como pueden, gracias a los fulanos treinta y cinco. Ya el razonamiento lógico lleva a Jonás a desprenderse de su prenda superior. La morena obesa que gana su sueldo al paso del click- abolla- facturas, gustosa habitual de más jarabe del que cualquier tos casual pudiera necesitar; reportó que el muchacho descamisado, sudoroso y pálido escupió palabras inentendibles y luego, empezó a temblar sin control en el piso de la droguería.


H