martes, 20 de octubre de 2009

Gastón fue

I
El clímax se avecinaba y la muchedumbre abarrotaba la sala. Justo venía uno de estos momentos donde pareciera que el tiempo se detuviese a descansar un instante y en sus delirios dimensionales, se place de ahogar al unísono las ruidosas voces coexistentes. Esas mismas que, ahora mismo, no se jactan del sano juicio y la cordura; más bien van de derrape, beats y fiesta. Pues bien, ellas, las cien o ciento veinte almas que también vieron lo que yo, se veían forzadas a cambiar el mood y no precisamente porque supieran lo que pasaba. Unos pocos jamás lo notaron y, otros más, no lo entendieron. Pero yo les puedo asegurar que pude presenciar lo acontecido. Qué bolas que pensaba no ir a ese lugar, algo raro me presentía y por ello, la siguiente decisión tras salir de casa, era la rápida pérdida del conocimiento como medio propio de aplacar mis temores y presagios. Pero en ese momento, cuando el destino alineaba montón de circunstancias y me sumergía en un ambiente de pánico absoluto por lo que transcurría a unos pocos metros, les debo confesar que también sentí morbo y esa sensación plácida al consumir un momento único. La recién conocida y recién simpática mujer con la que conversaba, tenía la cara descompuesta y se aferró tan fuerte a mi brazo que pensé que jamás podría desenterrar sus uñas de nuevo, y no era que eso me disgustara demasiado. Era la intro torcida del ligue de fin de semana. Esa noche, antes de salir de casa, quemé hierbas como para volverme loco y, en efecto, era lo que pasaría. Sólo que más salvaje de lo que me imaginaba.
H